TRIATLÓN SPRING FUERTEVENTURA

¡¡VIVA LOS TRIATLONES SIN DRAFTIN'!!

     Aquí estamos, el amigo Miguel Chico y yo rumbo a un triatlón, que en su versión de larga distancia tiene mucha solera, siendo un referente, no solo en las islas, sino que también sitúa a Fuerteventura en el mapa de Europa.
     Subidos en el buque de alta velocidad de la compañía Fred. Olsen S.A. echando de menos las bajas de última hora de Iván Orán y José Carlos Herrero y acompañados de la familia tratamos de trazar estrategias e imaginar situaciones que se podrían dar en la carrera. Siendo visitantes jugando en campo extranjero, no somos conocedores de los perfiles ni entresijos de los circuitos. Únicamente asesorados por mis vagos recuerdos del I Campus de Triatlón Playitas de hace dos años y los sabios consejos del Míster nos dirigimos a la aventura de mi primer triatlón sin draftin'. 
     Llegamos de noche a Playitas Resort, las bicis en boxes ya, se respira triatlón donde quiera que miras. Al estar ya el checkin' cerrado nos citan a las seis de la mañana en boxes. Cena, preparativos siguiendo la clásica solemnidad de quien prepara las armas de guerra, nervios en el estómago y dormir rápido que hay que madrugar.
     Desayuno a las cinco y media. Apenas entra nada a esas horas, pero hay que almacenar como sea. Checkin' realizado, bici a boxes, zapatillas en los pedales, gomas, geles, dorsal, casco, gafas... ¿Se me olvida algo Miguel? Revisión una vez más y otra más y una última vez más, traje y a la playa.
     El mar está como un plato, la natación va a ser rápida y limpia como José Carlos Herrero me dijo. Salen los del Challenge y en breve nos toca a nosotros. Pistoletazo de salida, empieza el primer segmento. Salgo fuerte, braceo rápido y busco la primera boya. Se puede nadar bien, no hay codazos ni empujones. Segunda y tercera boya a buen ritmo con el grupo de cabeza. En la tercera boya atravesamos la autopista que traía a los del largo y la cosa se aprieta un poco, lo que me obliga a abrirme para evitar golpes y nadar con espacio. Salimos del agua, ha ido bien, he nadado fuerte, pero ahora toca una larga transición hacia el segundo segmento.
     Traje fuera, casco, gafas, dorsal y a afrontar los cuarenta kilómetros de bici, esta vez sin grupos, sin "chuparruedas", sin especulaciones ni concesiones, segmento de bici sin; - ¡Afloja, deja que tiren ellos en la subida que después viene la bajada! -... Segmento duro, rompe piernas, con repechos duros y viento cruzado que te quita el aire de la boca y no te deja respirar y al final una larga bajada, acoples y a tope con media de velocidad altísima. Llegamos a Playitas de nuevo, zapatillas fuera y preparado para saltar de la bici. Transición rapidísima y por la proa ocho kilómetros de dura carrera a pie.
     Empiezo a correr. Esto va a ser duro, los cuádriceps están tensos, las piernas duelen de no haber dejado de dar pedales, de no haberme escondido detrás de ninguna rueda, de no haberme aprovechado de ningún competidor y haber dado la cara en cada pedaleo para completar el segundo segmento. Mi familia me anima y me grita que vamos bien, que vamos en el grupo de cabeza, delante de mi va Miguel Chico, lo veo cerca y esto me motiva mucho, pero la subida que se levanta frente a nosotros hace que te pongas en tu sitio. Las piernas empiezan a acalambrarse y no soy capaz de coger un buen ritmo de carrera, pues apenas soy capaz de flexionar las rodillas sin miedo a que un calambre me deje sin opciones de terminar la prueba. En la bajada las piernas se recuperan un poco y el gel de Magnesio que acabo de engullir hace efecto, giro, avituallamiento y de nuevo a subir, pero ya queda menos, ya vamos a llegar. Me han adelantado competidores, pero no importa, la experiencia ha valido la pena, ha sido un triatlón precioso. Recta de meta, los enanos me esperan para cruzarla juntos y eso vale más que nada...y el beso de Natalia Salvador... ¿Qué mejor trofeo?
     Cuando Rubén Reyes me dijo que me tocaba escribir la crónica me intimidó la responsabilidad, pero en cuanto afronté el fin de semana y disfruté una vez más de este deporte, se me acumulaban en la cabeza párrafos y párrafos de cosas que compartir con ustedes, de experiencias, de anécdotas; desayunar con Rasmus Henning, sentirme tri las veinticuatro horas del día en unas instalaciones en las que reza el lema: "we are triathlon"... y entonces es cuando desearías contarle a todo el mundo por qué elegimos el triatlón y por qué me enorgullezco de vestir el Morado.

 

ALEJANDRO ACOSTA

 


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