TRIATLÓN SANTA CRUZ DE TENERIFE

Miénteme si puedes

         

Ni el sol, ni el frío, ni las nubes, ni el viento, ni los nervios, ni los músculos, ni las bicis caras, ni las baratas, ni los trajes último modelo, ni las piernas depiladas, ni los boxes largos, ni los kilómetros que te quedan por recorrer, ni los flatos, ni los esparadrapos de colores a modo de tatuajes, ni los botellines calientes, ni los relevos que son ataques, ni ver a los compañeros sufriendo, ni pasar a cualquier otro dándole ánimos, ni que te pasen  con un vamos titán en los labios, ni pinchar en la bici y correr por acompañar a un compañero, ni llegar el primero o el último, ni con esas uno puede dejar esta bendita droga. Y sí, soy un drogata, un yonki de esto, uno que pierde la cabeza por sufrir, por llevar el cuerpo al límite, por sonreír al ver a un compañero, por seguir la rueda del de delante en esa monótona conversación de piñones y ahora mírame a la cara y dime que tú no lo eres, que no sientes este cosquilleo bien adentro, sosegado en épocas de calma, hambriento en épocas de caña. Miénteme y dime que te da igual el tiempo, que no te picas contigo mismo por no haber dado más rolido o por no meter el plato. Y luego cuéntame que no te pones a comparar los tiempos, para ver progresos, para ver fracasos, para sentirte vivo por poder estar ahí, sí ahí, siendo un privilegiado por disfrutar de tu sufrimiento. Y ahora vendrás con las obligaciones familiares, con que la novia y el niño y el trabajo te roban los horarios y que no tienes más remedio que levantarte de noche para poder hacer algo, cuando sabes que te gusta, que amas esta vida, que te sientes vivo oyendo tu corazón gritando. Me daré la espalda y te oiré contar mentiras, sacando cuentas con calculadoras imaginarias, con el “si llego a” en la boca, cogiendo la matrícula de ese que por poco te dejó atrás, retándolo en silencio para el próximo concierto. Vamos pisa de metatarso, ponte de pie en el giro, acelera, coge agua, suda, bebe, jadea, sube la cadencia, sé más aerodinámico, gana, pierde, disfruta, inspira, vive.


          Y si ahora me preguntas con qué me quedo de este triatlón de Santa Cruz te diré que ojalá pudiera inspirarlo todo y guardarlo en un frasquito para los tiempos en que todo esto se me haga demasiado grande. En mi cabeza guardo instantáneas detalladas de cada detalle, de todo ese sufrimiento tan bien compartido, de mi equipo invisiblemente unido por hilos morados, hilos amistosos, de cariño, de respeto, hilo de amigos, duro, de nylon quizás, de los que cuesta romper. Y si yo lo siento no me mientas y sé sincero, dime que tú también notas ese ambiente sano, porque las envidias ponen a cada uno en su sitio y, ahora que no me oye nadie, los envidiosos son pocos, escasos, ni siquiera te molestes en contarlos, no vale la pena. Después de un año ves que este deporte sigue creciendo y que aunque cada vez conozcas a menos, sigues dando tantos abrazos como veces repasas que todo el material esté en orden. Y se te enjugan los ojos porque en la meta ahora hay muchos enanos que te animan y te gritan, y te tocan más el corazón que el lactato y piensas que ojalá ellos sientan lo mismo algún día, y por qué no, quizás con suerte, y ese es mi sueño, poder compartir alguna carrera.


          Y ahora tú, triatleta, porque así es como te gusta que te llamen, cierra los ojos y dime que el corazón no cosquillea cuando oyes triatletas preparados, dime aunque no seas morado que no sientes una relación de haber conectado con esos que forman tu equipo, de haber encontrado gente de otro planeta que va con tops y monos apretados sin el más mínimo pudor, sin ningún tipo de vergüenza, gente que pone con gusto el despertador los fines de semana, que deciden pasar un domingo cualquiera con el pulso acelerado por pasar debajo de un arco de meta, gente como tú y como yo, y como nosotros, como todos nosotros. Y ahora vamos, miénteme si puedes.  

 

IVAN PÉREZ

 

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